sábado, 1 de agosto de 2015

Little Expectations

No sé qué pensar del mundo en el que vivimos. Buscar sentido a los sucesos que manchan los telediarios cada día es casi una tarea imposible y además, intentar entenderlo es algo tan agotador que a veces no merece la pena ni intentarlo. El mundo es raro. No tenemos solución y no, señores de Aquarius, no, el ser humano no es extraordinario, los seres humanos somos un cúmulo de basura de aquí a Marte y lo único que hacemos es expandir un olor tan fétido que ni nosotros mismos nos aguantamos. El mundo es cada día más horrible, más violento y más peligroso. No tendría que ser así. Tendríamos que tener al alcance de la mano posibilidades como la de ser felices, millonarios, enfermar, dejar de fumar, ser infieles, casarnos ocho veces, escuchar música satánica, comer hasta ponernos ceporros, emborracharnos cada noche si queremos. Tendríamos que poder salir a la calle desnudos si nos diera la gana. Las posibilidades son infinitas. Pero es terrible que una de las múltiples opciones que tenemos al alcance sea salir a la calle y que un loco nos dé una paliza, escuchar la noticia de que un padre ha matado a sus dos hijos a menos de 300 km. de donde estás ahora mismo sentado mirando tu pantalla de ordenador, o que alguien muera por ser quien o como es, o que una madre tire a su hijo al contenedor. El mundo es un lugar singular, no hay duda.

Bien, no tenía pensado despotricar tanto. Dejo de hacerlo en 3, 2, 1... ¡ya!
No soy de las que tiene mucha fe en el hoy ni en el mañana, y eso no me gusta un pelo. Y voy a peor, no puedo evitarlo. Afortunadamente, sí que hay muchas cosas que me hacen tener un poquito de ilusión por lo que tenemos, lo que hacemos, cómo lo hacemos, o el legado que otros nos han dejado. Las personas podemos hacer también cosas buenas, dar al mundo un trozo de lo que mejor hacemos y dejarlo ahí, reposando, creciendo como si fueran pequeñas semillas que intentan poblar este pobre mundo nuestro de maravillas que, gracias a su ilusión, serán eternas. Se me ha ocurrido para esta entrada hacer una pequeña recopilación de algunos de estos momentos, cosas que para mí, hacen que merezca la pena andar vagando por éste nuestro planeta.
Ahí va una lista (no completa, ni mucho menos) de pequeñas cosas que me hacen feliz o que, simplemente, me hacen poner cara de lela y decir "wow..."

LAS MANOS DE BELA LUGOSI
Bela es y será siempre Drácula, no hay ningún otro como él. La figura del vampiro ha estado cargada de sexualidad en el cine durante décadas, pero antes de que Drácula se convirtiera en un sex symbol, Bela le había dado al conde un distinguido aire aristocrático, mucha clase y una de las presencias más imponentes de la historia del cine de terror.
Los movimientos que hacía con sus manos serían algo característico en la mayoría de sus películas.





EL CONCEPTO DE "MOVIDA MADRILEÑA"
No sé cómo fue ni lo que pasó durante aquellos años. Desgraciadamente, cuanto más leo y más documentales veo en relación a ello, más lejano e indescifrable me parece. Supongo que sólo los que lo vivieron pueden entender cómo pasó y por qué fue todo tan intenso. La creatividad brotaba hasta de las alcantarillas. Fuese lo que fuese, fue, y doy gracias por ello.

LOS CARNICEROS DEL NORTE
Corría el año 2007 (más o menos...) y yo era muy de Myspace, me encantaba Myspace. Luego, Facebook ganó terreno y todos los músicos se mudaron ahí, pero gracias a Myspace descubrí a algunos de los que hoy en día son mis grupos favoritos. Los Carniceros del Norte son uno de ellos. Postpunk, letras en español inspiradas en pelis de terror... poco más se puede pedir. Canciones que no dejan indiferente a nadie, originales, divertidas, emotivas otras, y el resto horripilantes. El Exorcista, El Resplandor, Carrie, Psicosis, Alucarda, El fantasma de la Ópera, Nosferatu... desde la primera canción a la última, idolatro a este grupo.

LAS MANOS DE STEVE HARRIS
Segundo par de manos de la lista. El bajista y lider de Iron Maiden es uno de esos músicos que me hipnotizan. Su manera de mover los dedos es tan impresionante que parece que sean de goma. Steve es uno de esos tipos de los que se puede decir la frase: "acaricia las cuerdas". Literalmente lo hace.

EL LIBRO COMO FORMATO
Si alguna vez el libro se extingue (que lo hará, al igual que el pergamino, los vinilos, las cintas de cassette o la canción del verano), yo me extinguiré con él.

EL TERROR
Es el género más importante de todos y uno de los pilares de mi existencia. Me da igual si viene en forma de película, canción, libro o bolsa de cheetos. De alguna manera tenemos que aprender que no somos tan valientes como nos creemos, y qué mejor forma que un "in your face" con sabor a sangre.

LOS SIMPSON
Son parte de mi vida, y de la de todos. Quien diga que no le gustan los Simpson, miente. La serie de televisión que nunca olvidaremos, si es que algún día llega a terminarse y no nos olvida ella a nosotros.


DUBLÍN
En este mundo un tanto apestoso quedan aún rincones que merecen la pena. Dublín es la ciudad a la que siempre quiero volver porque es donde más feliz he sido, donde mejor me lo he pasado y en la que he vivido los momentos más especiales de mi vida hasta hoy. Dublín es magia, y pase lo que pase estará ahí, esperando.

LA VOZ DE VINCENT PRICE
El maestro del terror. Qué digo, Vincent Price fue y será uno de los grandes genios de la historia del cine, de terror o no terror. Te echamos de menos.


CHERIE Y JOAN
Cherie Currie y Joan Jett formaron parte de The Runaways allá por finales de los 70. Me encanta el combo rodeado de magia que formaron estas dos pedazo de féminas. Treinta y cinco años después, muchas cosas han cambiado pero la leyenda sigue encendida. Para mí, las Runaways son casi una religión.


THE MUNSTERS
La familia más divertida de la televisión y para una servidora, la mejor serie de televisión de la historia. Siniestros pero desternillantes. 


Después de recopilar todas estas maravillas, he de reconocer que nuestro mundo no está tan mal, al fin y al cabo. Nos divierte destruir, eso es verdad. Pero si entre tanta basura esparcimos por el mundo genialidades como estas, puedo permitirme reconciliarme con él de vez en cuando. Fin del enfado.

viernes, 3 de julio de 2015

Filosofía Pegamoide

No es ningún secreto el hecho de que Alaska y los Pegamoides es uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos y, que desde mi más tierna infancia, Alaska, en cualquiera de sus digievoluciones, ha puesto la banda sonora a la mayoría de los recuerdos que tengo. Bien, adoro a Alaska, no lo puedo evitar. Piper sabe de lo que hablo:


Creo que Pegamoides fue un grupo alucinante, no se me ocurre una manera mejor para definirlo. Si hubiera nacido veinte años antes hubiera podido ser testigo directo de su ingenio y su originalidad, pero no pudo ser. Para honrar su memoria, he querido hacer algo a lo que mi cabeza (a la parte de ella que vive en la Movida Madrileña) lleva dando vueltas varios días. Sirviéndome de los títulos de algunas de sus canciones, he ideado "Los ocho principios de la Filosofía Pegamoide", ocho lecciones de vida que pueden ayudar a convertir este mundo patatero en un lugar asombroso en el que vivir. 




1. VÉRTIGO
Pegamoides se marcan en "Vértigo" una canción rápida y ramonera. Por muy cañeros que se pongan, este tema parece querer hablar de esos momentos en los que te sientes como un niño con el pijama meado, inquieto y sin poder dormir porque alguien (o algo, pero los significados ocultos en la canción sólo los saben ellos) no te deja, porque alguien te produce esa sensación tan vertiginosa que no sabes ni qué hacer con tu pellejo. Desde pequeña, escuchar esta canción hace que en mi cabeza se dibuje un gran remolino de colorines, qué curioso. 
Déjate arrastrar dentro del remolino, sufrir vértigo nunca había sido tan emocionante. 


2. HORROR EN EL HIPERMERCADO
Los primeros hipermercados llegaron a España en los años sesenta, pero al parecer no eran tan molones como los americanos, que eran los que apasionaban a los Pegamoides. La idea de que alguien pueda cometer un asesinato en un hipermercado y los restos (de Mari Pili, concretamente) aparezcan entre los congelados es... brillante. Lo cierto es que nos ahorraríamos tener que maldecir a abuelas por colarse para comprar el pan, y la sección de congelados sería más que variada. Minipunto y punto para los Pegamoides por la idea. Ni Stephen King lo hubiera hecho mejor. 




3. LA REBELIÓN DE LOS ELECTRODOMÉSTICOS
Esta fue la primera canción que escuché de Alaska en mi vida. Tenía unos siete años. Creo que ésta fue la razón por la que hoy en día soy así de friki. Como canción, para mí es una de las mejores: es pegadiza, es divertida y la historia que cuenta no podría ser más actual (al menos, a mí me encantaría que lo fuera). Que tus electrodomésticos se nieguen a trabajar y te secuestren es una idea tremenda, pero ¿os lo imagináis? Ojalá fuera cierto. Niño sin iPad, niño feliz. 




4. BOTE DE COLÓN
Una frase que se repite y Alaska marcándose unos agudos que dan ganas de matarla. ¿Y qué? "Bote de Colón" es una canción brutal, la cúspide de la sencillez, un himno. Ellos querían la fama, y dejaron al puñetero bote de Colón tan atrás que tuvieron que cambiarle el formato. Entender que la simplicidad no está reñida con la genialidad es una lección de las buenas.



5. ODIO
¿A quién no le ha pasado alguna vez?: tienes tantísimo asco a alguien que le evitas por todos los medios y aún así te lo encuentras en todas las malditas esquinas. A la prota de la canción la pasa, incluso se va a Tahití a descansar "entre palmeras", pero allí se encuentra con la misma cara otra vez. ¿Y qué le queda? Resignarse. No, no hay asesinato esta vez. Así que, si te pasa esto, no te resignes, pero intenta no odiar porque, al fin y al cabo, el asesinato está penado por la ley y oye, pues que tampoco es plan. Ponte en modo zen, a mí me funciona.



6. LA LÍNEA SE CORTÓ
Para mí, esta es una de las canciones mas siniestras de la historia. Supongo que es porque de pequeña yo entendía "la niña se cortó" y me he quedado con el trauma. Una conversación de lo más extraña y una línea que se corta. La lección que aprendemos con esta canción es que los móviles son un invento del diablo, y que si esta canción hubiera sido escrita en el siglo XXI perdería toda la gracia. Imaginémonos a Alaska enviando a Ana Curra un whatsapp diciendole: "Mejor hablamos por aquí". 


7. REDRUM
Un guiño a El Resplandor que pone la carne de gallina. "Redrum" es una historia de terror con todas las letras, un invento para el ser humano del siglo XXI, tan falto de tiempo para leer. Podemos leer la letra de esta canción y estremecernos lo mismo o más que con cualquier clásico de Stephen King. Un microrrelato para los paladares amantes de lo espeluznante más exquisitos. Consumir y gozar.


8. BAILANDO
El himno de toda una época. Muevo la pierna, muevo el pie. Pegamoides lanzaron este éxito poco antes de separarse para siempre para que Parálisis Permanente y Dinarama tomaran forma definitiva. Supongo que hay mucho de estos dos en este tema. Muévete, y si los vecinos molestan, que les den por ahí. If it's too loud, you're too old. 


domingo, 28 de junio de 2015

Golden years

Me dicen a menudo que vivo en los 80... ¡Incorrecto!, o al menos no del todo correcto. Vivo en los 70, en los 80, vivo en los 90, en los 2000s, vivo en todas las décadas más o menos recientes, pero no en la mía. Tengo muy poca fe y poco apego al mundo en el que vivo. No me gusta el presente, el ahora que vivimos me da severos dolores de riñón (Let's be nihilist!). Culturalmente hablando, se suele decir que todo está más o menos inventado, pero la única realidad que hay es que somos unos vagos del carajo. Hay expectativas, aunque sean mínimas, porque aún sigue habiendo ilusión y ganas de innovar, moldear, inventar y combinar, pero muchas menos que antes. Soy mitómana y me obsesiona todo lo que ha pasado rodando por la carretera cultural de los últimos, vamos a poner, cien años. Sí, ahora me voy más atrás, pero es que imágenes como estas sobrevuelan mi cabeza, y claro, lo de que vivo en los 80 pasa a ser un decir. Amo el siglo XX, podemos dejarlo ahí.


Yo soy EL vampiro, moderfoca

Bueno, me voy del tema. Y de la época. Esta entrada está centrada en los 80... ¡Sorpresa! Bueno, con esto pretendo demostrar una teoría. Y es que todo, señoras y señores, está conectado con esa dorada época, maravillosa década de grandes temazos y excéntricas pelis con un mínimo de dos pares de tetas y muchas luces. Cescerebrados y locos 80, ¡qué me habéis hecho!

Los 80 fueron una década sutil 
Lo que se me ha ocurrido es un entretenido experimento en el que haré una selección de dos personajes de la TV actual, series sobre todo, y los conectaré con canciones, películas, personajes o cualquier otra cosa procedente de los 80... 
Esta será la primera entrada de lo que he bautizado como el... ¡¡¡Ochentamizer!!!

El primer personaje lo he escogido porque es uno de mis favoritos en este momento: la maravillosa Piper Chapman es la protagonista de Orange Is The New Black, una de las mejores series de los últimos años. Supongo que después de los 2000s hay cosas buenas también, va, venga.


Chapman termina entre rejas porque se pasa sus años de juventud de traviesas aventuritas con su novia Alex, la cual termina siendo su compi de cárcel años después de que ambas terminen la relación y Piper se eche un nuevo prometido, Larry. Pero lo que pasa después se ve venir, y es que, como dice mi amadísima Alex, "I think that when you have a connection with someone it never really goes away, you know? You snap back to being important to each other because you still are". Te queremos, Alex.

Piper es dulce, tierna, lúcida, un poco inocente y muy ingeniosa. Un personaje que gana con las temporadas y que termina enamorando a todos. Y para prueba, temporada 3. (¡Aplausos!)


¿Y qué conexión encontramos en Piper con los 80? Me parece que esta me la han puesto muy fácil, pero no digo más, que luego me acusan de spoilear. 
Sólo hay que escuchar la canción para enlazarla con la imagen de abajo. Qué sonidos tan mágicos...
Cómo me gustan estas dos malditas...
El segundo personaje de hoy lo tengo claro. En mi top 5 de series, probablemente Sons of Anarchy estaría muy, muy arriba. Jax Teller es el Hamlet del siglo XXI, un salvaje y romántico motero que comienza siendo casi un angelito para terminar siendo el ángel vengador. 
Un chico de pueblo que sólo busca lo mejor para su familia y para su "familia", aunque las cosas terminan, como siempre, por irse de las manos.
Jackson Teller se convierte en un asesino sanguinario sin casi darse ni cuenta. La vida trae y lleva cadáveres, que si maletero para allí, que si quema este cuerpo en ese bosque de allá, lo típico. Sin embargo, Jax tiene un gran corazón, que acaba convertido en hielo cuando le arrebatan lo que más quiere. 
Para él no se me ocurre nada mejor que la versión de Parálisis Permanente del "Heroes" de David Bowie.

El Ochentamizer acaba de arrancar. Acepto sugerencias, personajes, y colaboraciones de todo tipo. Hasta la próxima, que seguro que es muy pronto. 
¡Gracias por leerme!

martes, 2 de junio de 2015

Las 10 sonrisas del Rock (parte 2)

Con anhelo me piden una continuación de aquella modesta entrada que dediqué a las mejores y más entrañables sonrisas del rock. Reconozco que se quedó bastante corta, por lo que he decidido recopilar otras tantas, aunque esta vez sin orden de ningún tipo. Hay un poco de todo, como en la anterior lista. Veamos...

MICHALE GRAVES
Michale Graves fue la voz de los Misfits en la década de los 90, componiendo algunos de los himnos de la banda, como el que dejo más abajo. Siempre me ha parecido un tipo muy simpático, no sé por qué. Ahora se mueve en solitario, y su trabajo, aunque no tan pasado de revoluciones como su paso por Misfits, sigue oliendo a horror punk que da gusto. 


RANDY RHOADS
Randy Rhoads fue guitarrista en la década de los 70 y 80. Uno de los grandes innovadores de las seis cuerdas. Formó Quiet Riot y trabajó con Ozzy Osbourne, hasta que un fatal y terriblemente estúpido accidente de avioneta acabó con su vida. Treinta años más tarde, estos riffs mantienen su memoria más que viva.



ANNEKE VAN GIERSBERGEN
Anneke es uno de los ángeles del mundo del rock. Con su grupo The Gathering grabó varios discos, inolvidables y oscuretes, y posteriormente colaboró con grupos como Within Temptation o Moonspell. Ahora, en solitario, se acerca a sonidos más alternativos. Sea como sea, es magnífica.


GAAHL
Kristian Eivind Espedal, más conocido como Gaahl, fue vocalista de Gorgoroth, una de las bandas cumbre del TNBM. Es, o era, uno de los tipos malos de la escena blackmetalera noruega, o eso nos quiere hacer creer él. Viéndole en instantáneas tan inolvidables como esta, a mí más bien me recuerda a Enrique Pastor. Pero cuidadín...


JAN KUEHNEMUND
Jan fue una gran guitarrista y la fundadora de una de mis bandas favoritas, Vixen. Su sonrisa es una de esas que están pero no están. Hace dos años perdió la batalla contra el maldito cáncer. Jan sonreía siempre con la mirada, que es algo mucho más difícil. A ella le debemos himnos como este:



FRANK 
Frank es la personificación de lo que coloquialmente se conoce como "tío guay". Es el guitarra rítmica de Mägo de Oz, que solía ser una de mis bandas de cabecera. Me he cansado un poco de las tontadas de Txus y de aguantar que un grupo entero cargue con las ideas de olla de su supuesto líder, así que ya no es de cabecera, not anymore. Sigo deleitándome con los discos de antaño, son parte de mí y son los discos de mi juventud. Ellos, y la sonrisa y los dos besos de Frank en la firma del Gaia II cuando tenía 17 años.



SANDY WEST 
Sandy fue la batería y cofundadora de la banda de chicas más importante de los 70, y me atrevería decir que de la historia, The Runaways. Su sonrisa brillaba de ilusión y de pasión. Hace nueve años nos dejó, pero esa manera de aporrear los bombos es eterna. Imposible olvidarla.



LZZY HALE
Conocí a Halestorm por pura casualidad. En el facebook de Gibson había un enlace a un vídeo de unos chicos que al parecer usaban una de sus guitarras. Era Lzzy Hale la que lo hacía. Voz y guitarra de una de las bandas del momento, la incluyo en la lista por varias razones, y  es que, creo firmemente que es una de las promesas del metal femenino. La evolución en los tres discos de estudio que llevan editados, es brutal como poco. Gran voz, gran guitarrista, y tiene una sonrisa que quita el hipo. Amemos todos a Lzzy.



PETER CRISS
Peter, más conocido por la lectora más asidua a este blog como Helen, fue el batería de Kiss es sus mejores años. Mitad hombre, mitad gato, este tipo es el compañero ideal tanto para irte de conciertos como para tomarte un té en casa de tu tía Paquita. Te queremos, Gatomán.




NATHAN EXPLOSION
Nathan nunca sonríe, pero cuando lo hace, es BRUUUUUTAL, como todo en él. Le amamos, y aunque sea un personaje de ficción, es mucho más metal y más real que algunos que yo me sé. 



Hace rato que he perdido la cuenta, pero si no he calculado mal, esta era la décima sonrisa de hoy. Me he dejado algunas en el tintero, así que contad con una tercera parte de esta recopilación de bonitos dientes y de grandes momentos. Porque cuando el rock sonríe, chicos, el mundo es más bonito.

sábado, 11 de abril de 2015

Muñecos y payasos

Cuando zambullo la cabeza en mi disco duro (en uno de los tres que tengo...de momento) doy gracias al dios de la serie B de que exista kickass.to  y, de vez en cuando, le dedico unos rezos en forma de hora y media de admiración absoluta a la pantalla de mi ordenador, embobada con las inolvidables maravillas que en él me encuentro. Tengo especial cariño a una de las carpetas que guardo en mi supercarpeta "pelis". Este cofre virtual del tesoro lleva por nombre "Terror y viejunadas varias" y contiene terror, terror viejuno, viejunadas que no dan terror ni provocan nada más que unas buenas carcajadas o algún que otro susto light e interminables sagas. Clasicazos varios, vamos.
Bien, me apetece hablaros de dos de las joyas con las que he tenido el placer de verme las caras últimamente. Dos películas de finales de los ochenta que enganchan por su argumento y emocionan al espectador, demostrando que con muy poco puedes conseguir grandes cosas.

Estoy lista, dámelo todo.
La primera lleva por título Dolls (1987), en español Dolls: La casa de los muñecos diabólicos (nos gusta dejar las cosas claras, por si acaso). Me encanta el poster de la película, tengo que confesarlo. 


La película cuenta la historia de seis personas (un matrimonio, una niña, dos chicas punkies y un gordito simpático), que llegan a un caserón muy victoriano, muy lóbrego y muy en medio del bosque, donde se resguardan de una fuerte tormenta que les hace arrepentirse de no haberse tomado el Actimel por la mañana. Los dueños son una pareja de ancianos, los Hartwicke, que dedican su vida a su gran pasión, el diseño y construcción de todo tipo de muñecos. Judy queda maravillada con todo lo que ve, su inocencia infantil le permite admirar a las pequeñas criaturas con respeto y con toda la credibilidad del mundo. También Ralph, el gordito previamente mencionado, se muestra bastante interesado por todo aquel mundo de fantasía. A pesar de ser adulto, su niño interior le permite disfrutar de su estancia en la casa junto a su nueva amiga, aunque sólo momentáneamente.


Ralph es el único que escucha a Judy cuando la niña se empieza a dar cuenta de que algo extraño ocurre con los muñecos. Vamos, que una de las punkies sea arrastrada a lo largo del pasillo envuelta en sangre en mitad de la noche igual un tanto extraño sí que es...
La historia está montada sobre ocho personajes totalmente estereotipados. Tenemos a la criatura inocente (Judy), a su padre (David, calzonazos profesional) y a su madrastra, a la que odia, y con razón (Rosemary). Por otro lado, tenemos al simpático Ralph, que trae consigo a dos autoestopistas, las punkies (Isabel y Enid), que no tienen otro propósito que robar todo lo que se les ponga por delante. Y por último, tenemos al matrimonio Hartwicke, unos anfitriones modelo tan encantadores como siniestros. 

Disfrutad de los ochenta mientras podáis, bitches
Cariño, hoy estás muy...

Ven hija, ven
Intuíamos al ver el cartel de Dolls que, efectivamente, los muñecos iban a ser un poco hijos de...Satanás (y si no, el título en español ya nos saca de dudas). Pues bien, los pequeños diablillos se cuelan en todas las habitaciones cargándose a todo lo que pillan. Bueno, no del todo. ¿Y quién sobrevive? Os invito a verla.
Hay una lección muy valiosa que nos queda después de ver esta película. Siempre es necesario que nos refresquen la memoria, pues es algo que solemos olvidar: recuerda que la inocencia es buena, que hay que tener ilusión y no dejar de creer nunca. No existen los espejismos si crees en ti y crees en lo que tienes alrededor. Y que si, aun teniendo docenas de muñecos asesinos delante sigues sin tener muy claro que todo eso pueda ser verdad, es que eres un poco tonto.
Judy creía. 
Hasta ahí puedo leer.

Quieeeeerenoooos

A decir verdad, Dolls daba mal rollo de verdad. No puedo decir lo mismo, sin embargo, de la segunda película que he prometido. Los muñecos del Averno nacieron un año antes que yo, y los payasos asesinos del espacio exterior llegaron a la Tierra el mismo año que servidora.

Killer Klowns from Outer Space (en español, Los payasos asesinos del espacio exterior), es una película de 1988 protagonizada por un grupo de payasos que llegan del espacio y acampan en la Tierra (concretamente en un pueblecito estadounidense llamado Crescent Cove) con el único fin de cargarse a tantos humanos como les permitan sus pistolas de algodón de azúcar. El título de esta no deja lugar a grandes dudas acerca del argumento. 


Lo que primero llama la atención de esta peli es su genial banda sonora, a cargo de los Dickies. Recomendable temazo, hilarante y brillante.


Volviendo a la historia, pues...tampoco hay mucho que decir. Los payasos invaden el pueblo y se cargan a la mitad de la población. Pero ¡son payasos!, las criaturas más espeluznantes del mundo de la risa, siniestros como una lápida sin dueño, como morir mientras sueñas, divertidos y salvajes como ¡joder! ¡divertidos como payasos! Son geniales, unos geniales y cómicos asesinos.
Unas cuantas parejitas de veinteañeros hacen manitas (intento adaptar el lenguaje a los ochenta) en una colina llamada "Top of the World", a las afueras del pueblo, cuando algo brillante pasa surcando el cielo. Lo cierto es que brilla mucho, y Mike y Debbie, una de las felices parejas, lo confunden con el cometa Halley. Creen que ha caído cerca, y salen a buscarlo. Pero Mike y Debbie no encuentran ningún cometa, sólo una carpa de circo en medio del bosque.

Debbie, creo que me he hecho pis encima
Lo que se encuentran dentro de la carpa (afirmativo, en todas las películas de terror hay algún tonto, y en esta hay dos) es todo un mundo de pasadizos muy coloridos, salas con cadáveres colgando del techo cual jamones (como una reunión de Metapods, pero envueltos en algodón de azúcar y rellenos de muerte) y ascensores que suben y bajan a Dios sabe dónde. 
Y, como todos los tontos tienen suerte, pues escapan. Pero luego viene lo mejor, cuando los payasos se van al pueblo a hacer de las suyas. Os invito a que veáis esta escena (o al menos los primeros 40 segundos) para que comprobéis por qué es imposible odiar a estos psicópatas del espacio exterior. 


Y otra tronchante escena. En serio, que me dejen adoptar a uno.


Al final, la valiente parejita de enamorados, junto con la inestimable ayuda del poli bueno exnovio de Debbie (también hay un poli malo, pero a diferencia de la pequeña Judy, no cree y...acaba mal) y un par de amigos consiguen expulsar a los payasos del planeta. Aunque no nos quedamos muy convencidos. Sin embargo, durante su estancia en el pueblecito, se cargan a unos cuantos, ya sea a tartazos, envolviéndoles en algodón de azúcar, o en accidentes automovilísticos, entre otros (prometo que es el último):



Dolls y Killer Klowns from Outer Space son dos maravillas del séptimo arte y del género de terror. Desde la perspectiva que me da el siglo XXI, no puedo hacer otra cosa que alabar ambas películas por su ingenio, y a sus directores (Stuart Gordon y Stephen Chiodo, respectivamente) por su ilusión y sus ganas de crear joyas inmortales con poquito dinero. 

En las dos películas encuentro un serio problema en los personajes adultos. ¿Qué les pasa? (no sé si debo incluirme ya dentro o esperar...). ¿Tanto nos cuesta creer en lo increíble? A mí me cuesta, he de reconocerlo, aunque no siempre. Somos tan tercos que forjamos un halo de vulnerabilidad a nuestro alrededor. Si no creo en ti, seguro que no me haces daño. 
Al final, los seres más dulces y afables nos acaban poniendo los pelos de punta. Tenemos miedo de los payasos y de los muñecos porque hemos olvidado al pequeño tonto que llevamos dentro, y somos incapaces de creernoslos, sin más, como lo que son. Seres de colores, blanditos, y mansos que reparten amor. 


Y de regalo...¡trailers, trailers, trailers!